domingo, 1 de mayo de 2011

Pablo Neruda y Gariela Mistral

ESCRITAS ENTRE 1934 Y 1957
Recopilan cartas entre Pablo Neruda y Gabriela Mistral

Abraham Quezada, diplomático chileno, es el autor de este libro que da cuenta del intercambio epistolario entre ambos Nobel de Literatura.

Santiago de Chile, 9 sep (EFE).- El escritor y diplomático chileno Abraham Quezada presentó hoy el libro "Cartas a Gabriela", una recopilación inédita de misivas que se enviaron los poetas chilenos Pablo Neruda y Gabriela Mistral entre 1934 y 1957.

La recopilación recoge las correspondencia de los dos premios Nobel y revela aspectos de una relación entre ambos que comienza en Chile, pero que se desarrolla principalmente en el exterior, con epístolas fechadas en Madrid, Petropólis (Brasil), México, Praga, Zúrich (Suiza) y Capri (Italia).

"Son cartas poco literarias de la relación personal que tuvieron. Vicisitudes entre cónsules que están fuera del país y que están pasando muy malos momentos y se ayudan y se apoyan", dijo en una entrevista a Efe Quezada, un reconocido ´nerudiano´ con varios libros más sobre el autor de "Canto General".

A través de las 25 epístolas recuperadas, la mayoría de un archivo documental que llegó de EE.UU. en 2008, el escritor llega a la conclusión de que los dos poetas chilenos mantuvieron una relación de "amistad y sinceridad", algo que otros críticos y estudiosos desmintieron anteriormente.

"Es una relación de amistad y sinceridad entre dos chilenos que están fuera de su país y son escritores. En ningún momento hay sombra de una maraña oblicua, como algún sector literario ha querido tender sobre ellos", indicó el diplomático chileno.

"No hay rivalidad porque los dos son cónsules y hay 15 años de diferencia entre ellos", añadió Quezada, quien recuerda que Mistral siempre afirmó que el poeta de Chile era Neruda e incluso se sorprendió cuando ganó el Nobel en 1945.

Para el autor, uno de los momentos culminantes de las misivas entre los poetas se produce en 1951, cuando Neruda planea ir a Capri con su nueva amante Matilde Urrutia, y Mistral es cónsul chilena en Nápoles (Italia).

"He pensado viajar y quedarme esos meses cerca de Nápoles, en Capri, Anacapri o en otra isla (...) Por lo tanto le ruego buscarme o una casa independiente, con cocinera, o una casa de familia sin otros pensionistas o en el último caso un hotel sin turistas", le escribe Neruda en una carta del 14 de diciembre de aquel año.

Quezada también destaca la evolución de la situación económica de Neruda: "al principio le quiere comprar la máquina de escribir a Mistral, no tiene dinero para pagarla y le propone cuotas, mientras que en 1951 le pide que le consiga un hotel en Capri y que no se preocupe porque tiene una condición económica muy buena".

Un detalle inédito que revelan las cartas es que la academia sueca de la lengua ya propuso a Neruda como candidato al Nobel de Literatura a principios de los cincuenta, cuando el poeta recibió un texto en inglés que remitió a la poetisa.

"No se sabía, porque Neruda fue candidato en firme del 1960 en adelante", añadió Quezada.

Pablo Neruda (1904-1973), Premio Nobel de Literatura en 1971 y autor de "Crepusculario" y "Versos del Capitán", entre muchas otras obras, nació en el sur de Chile y vivió en diferentes países como cónsul de su país.

En su época en España se relacionó con la generación del 27 y tuvo una vida agitada desde el punto de vista político y personal. En 1973 murió en Chile pocos días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet.

Gabriela Mistral (1889-1957), cuyo verdadero nombre era Lucía Godoy Alcayaga, ganó su primer premio literario en 1914 por los "Sonetos de la Muerte" y posteriormente se dedicó a enseñar, escribir y viajar como diplomática por América y Europa.

La autora de "Lagar" y el "Poema de Chile" fue la primera latinoamericana en ganar el Nobel de Literatura en 1945. EFE

Doris Dana y Gabriela Mistral

Yo sé bien que nadie, ninguna persona en este mundo, puede saber qué cosa es nuestra vida sino (excepto) nosotros mismos". Así escribe la poeta chilena Gabriela Mistral en una de sus cartas a su asistente personal y compañera sentimental Doris Dana, reunidas ahora en "Gabriela Mistral. Niña errante".

Un libro que se publica en España de la mano de Lumen y que muestra la apasionante relación entre la premio Nobel de Literatura (1945) y Doris Dana, secretaria y compañera de sus últimos años de vida y albacea de sus bienes materiales e intelectuales.

Un epistolario que tiene su origen a finales de los años cuarenta, en el verano de 1948, cuando Gabriela Mistral vivía en Santa Bárbara (California) y Doris en Nueva York, y que comenzó después de que ambas hubieran mantenido un fugaz encuentro personal en el Bernard College de Nueva York, donde la poeta dio una charla sobre "la industria del odio", con eco internacional.

Así lo cuenta y desgrana minuciosamente Pedro Pablo Zegers B., editor del volumen y autor del prólogo.

A partir de ese momento, la joven Doris, de 28 años de edad, perteneciente a una aristocrática familia estadounidense, se queda prendada de la autora de "Desolación", entonces de 58 años. Y ya en las primeras cartas, y sin conocerla personalmente, se dirige a ella como "mi querida y venerada maestra".

Aquí comienza el vínculo entre ambas mujeres, que luego se acrecentaría con la publicación de un libro de Gabriela sobre Thomas Mann que tradujo al inglés Doris. Una relación de más de una década que queda plasmada en las 250 cartas que ha seleccionado Zegers para esta publicación.

Y una correspondencia que ha podido salir a la luz porque, tras la muerte de Dana, en noviembre de 2006, su sobrina y heredera Doris Atkinson donó al Gobierno chileno el legado literario de Mistral, que Dana había tenido guardado durante casi 50 [...]

Las Cartas de Gabrila y su Amor

La apasionada correspondencia entre la poeta chilena Gabriela Mistral y su secretaria y después albacea, Doris Dana, se reveló el domingo pasado con la publicación de un libro que compiló esas cartas, mantenidas ocultas por más de 50 años.

"Tú no me conoces todavía bien, mi amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz. Tenme paciencia, espera a ver y a oír lo que tú eres para mí", le escribió en abril de 1949 la premio Nobel de Literatura a Dana, una norteamericana 30 años más joven.

"Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte por mí", le escribe Dana por esa misma fecha, según extractos de algunas cartas difundidas este domingo por el diario El Mercurio.

"Tú nunca habrías hecho lo que yo hice por tenerte. Pero eso no fue hecho por otra cosa, fue un amor violento de alma y cuerpo", escribe en otra carta la Mistral, quien durante muchos años fue conocida masivamente por sus poemas a la maternidad y la infancia.

Las 250 cartas entre Gabriela y Doris, escritas entre 1948 y 1956, fueron publicadas en el epistolario "Niña errante", editado en conjunto por Randon House-Mondadori y la Biblioteca Nacional de Chile, un proyecto a cargo del conservador de la dirección nacional de bibliotecas Pedro Pablo Zegers.

Las cartas estaban contenidas en las 168 cajas con poemas inéditos, manuscritos, fotografías y otros miles de documentos que fueron donados al Estado chileno por Doris Atkinson, sobrina de Dana, cuando ésta murió en 2006.

Todo ese material, que incluia unas diez mil cartas intercambiadas con diversas personalidades ligadas al arte, la cultura y la política, llegó a Chile en diciembre de 2007 y fue entregado a la Biblioteca Nacional, que se abocó a la labor de clasificarlo.

Gracias a "Niña errante", aseguró Zegers al diario El Mercurio, la Mistral se revela "en todo el espectro, tenemos un personaje que se va integrando al mundo, se convierte en un ser de carne y hueso".

El editor afirma que "ex profeso" evitó clasificar de homosexual la relación de ambas mujeres "para respetar la intimidad", aunque reconoció que los lectores podrán hacer su propia interpretación del epistolario.

"El lector me va a decir 'no me vengan con cuentos, si eso está claro', pero yo dejo abierta la posibilidad a cualquier especulación y, más que especulación, dejo abierta la puerta hacia la verdad", comentó Zegers.

Gabriela y Doris se conocieron en 1946 pero dos años más tarde iniciaron su relación epistolar gracias a la colaboración de Mistral en un libro sobre Thomas Mann que Dana ayudó a editar.

Dana acompañó a la poetisa en los últimos años de su vida. Mistral murió en Nueva York en 1957, doce años después de haber recibido el Nobel.

Gabriela Mistral: Su obra

Gabriela Mistral
{ Vicuña, 1889 }
Retrato de Gabriela Mistral

Lucila Godoy Alcayaga,Gabriela Mistral, nació en Vicuña, Chile, el 7 de abril de 1889. Su padre, maestro de escuela primaria, se llamaba Jerónimo Godoy Villanueva. Era aficionado a tocar la guitarra y escribir poesía y abandonó pronto a su madre, Petronila Alcayaga Rojas. Lucila tuvo una hermana de distinto padre llamada Emelina Molina Alcayaga que trabajó como maestra en la escuela de Montegrande, donde vivía la familia.

El libro que marcó su infancia fue la Biblia, que leyó hasta aprenderla y es el origen de muchos de sus poemas.

Antes de examinarse en la Escuela Normal de Santiago y más tarde obtener el título de profesora de castellano (Universidad de Chile), trabajó como maestra en muchas escuelas ganando sueldos bajos. La autora nunca llegó a abandonar su faceta de docente; son numerosas sus obras de carácter pedagógico.

Salió de Chile, al que ya sólo volvería en contadas ocasiones, en 1922, invitada por el gobierno mexicano para colaborar en los planes de la reforma educacional de este país. Este mismo año publica Desolación, que supuso el principio de su fama internacional. En México publicó Lectura para mujeres en 1924. En el mismo año viaja a Estados Unidos y a Italia, Suiza, España y Francia. Aunque Gabriela Mistral añora su lugar de origen, seguirá viajando durante toda su vida. Sólo la parte del epistolario de la escritora que nos ha llegado ocupa varios volúmenes.

Aunque Gabriela Mistral fue hecha cónsul a perpetuidad, muchas veces se retrasaron los estipendios o no alcanzaron los medios para una representación adecuada. Durante el gobierno del General Carlos Ibáñez fue cesada de su cargo y sobrevivió mediante clases, artículos y conferencias.

Tras una corta estancia en Chile en 1925, la escritora regresa a Europa, representando a su país en la Liga de las naciones y desempeñando tareas culturales en España, Portugal e Italia. En 1938 publica Tala, una de sus obras cumbre, y cede los derechos de autor a niños víctimas de la guerra civil española.

No se casó nunca, pero logró satisfacer en parte su deseo de ser madre acogiendo a un sobrino, Juan Miguel Godoy hijo de un medio hermano. El niño (Yin Yin, como ella lo llamaba) creció junto a ella considerándola su verdadera madre. Vivieron hacia 1940 en Brasil, donde ella ocupaba el cargo de cónsul, primero en Niteroi y más tarde en Pertrópolis. Fue una época feliz en la que tuvo muy buenos amigos, entre ellos Estefan Zweig y su esposa, que vivían también en Brasil. Pero en 1945 se suicidan Stefan y su esposa y Yin Yin muere violentamente. Gabriela acusa a jóvenes de color de lo que considera un asesinato. Ese mismo año gana el Premio Nobel de Literatura, siendo la única mujer de lengua española que lo tiene hasta la fecha. En 1951 se le concede el Premio Nacional de Literatura en Chile. En 1954 publica Lagar, y en 1956 viaja a Chile invitada por el presidente Carlos Ibáñez. Viusita diversas ciudades, entre ellas la natal recibiendo en todas partes homenajes, tanto populares como oficiales.

Gabriela Mistral falleció el 10 de enero de 1957 en un hospital de Nueva York. El gobierno chileno decretó duelo oficial durante tres días y dispuso el traslado de sus restos a Montegrande.
Obras

1. Desolación. Nueva York: Instituto de las Españas, 1922. Poesía.
2. Lectura para mujeres, 1924
3. Ternura. Madrid: Saturnino Calleja, 1924. Poesía.
4. Tala. Buenos Aires: Ediciones Sur, 1938. Poesía.
5. Lagar. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, 1954. Poesía.
6. Recados contando a Chile. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, 1957
7. Páginas en prosa. Buenos Aires: Kapeluz, 1962
8. Los motivos de San Francisco. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico, 1965
9. Poema de Chile. Barcelona: Pomaire, 1967. Poesía.
10. Cartas de amor de GM. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1978. Cartas.
11. Materias. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1978
12. Gabriela piensa en.... Santiago de Chile: Andrés Bello, 1978
13. Prosa religiosa de GM. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1978
14. GM en el "Repertorio Americano". San José: Universidad de Costa Rica, 1978
15. Gabriela anda por el mundo. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1978
16. Grandeza de los oficios. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1978
17. Croquis mexicanos. Santiago de Chile: Nascimento, 1979
18. Magisterio y niño. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1979
19. Elogios de las cosas de la tierra. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1979
20. Epistolario de G M y Eduardo Barrios, 1988. Cartas.
21. G M y Joaquín García Monge. Santiago de Chile: Andrés Bello, 1989. Cartas.
22. Vendré olvidada o amada. Santiago de Chile: La Puerta Abierta, 1989
23. Italia caminada. Santiago de Chile: Inst. Italiano di Cultura in Chile, 1989
24. Poesías completas. Santiago de Chile: Lord Cochrane, 1989. Poesía.
25. Memorias y correspondencia con G M y Jacques Marit, 1989. Cartas.
26. Lagar II. Santiago de Chile: Bliblioteca Nacional de Chile, 1991. Poesía.
27. En batalla de sencillez. Santiago de Chile: Dolmen, 1993. Cartas.
28. Vuestra Gabriela. Santiago de Chile: Zig Zag, 1995. Cartas.
29. Epistolario de G M e Isolina Barraza, 1995. Cartas.
30. Dolor. Madrid: Torremozas, 2001

Cartas de Amor de Gabriela Mistral

En el verano de 1948, el servicio postal norteamericano debió mover de punta a punta miles de cartas ardientes cerradas con lenguas de fuego. Entre las sacas viajaban las que empezaron a escribirse Gabriela Mistral, de 59 años de edad, residente en Santa Bárbara, California, y Doris Dana, de 28 años de edad, sita en Nueva York. Meses atrás, con la excusa de la traducción del castellano al inglés de un artículo sobre Thomas Mann, Dana, antes incluso de conocerla en persona, le escribe sus primeras líneas con el tratamiento de "mi querida maestra". A partir de ese momento, y hasta la muerte de Mistral en 1957, la relación camina sin retorno.

Con el permiso de la sobrina de Dana, se abre la caja y sacan las tripas al ruedo

Diez años de carteo, en los que se pasean a pulso la admiración y el orgullo, la felicidad y la angustia, los celos y la entrega, los altos y bajos, el miedo y las manipulaciones. La intimidad a buen recaudo y sin apuros. Doris Dana, a la sazón albacea de la obra de la premio Nobel de Literatura de 1945, guardó en secreto, en el ático de su casa de Florida, durante 49 años, 168 cajas con poemas inéditos, manuscritos, fotos y otros documentos que Doris Atkinson, sobrina de Dana, entregó al Estado chileno cuando esta murió en 2006.
Centenares de cartas

Tres años después, Pedro Pablo Zegers, conservador de la Dirección Nacional de Bibliotecas, ya tenía preparadas 250 cartas entre Gabriela y Doris, que ahora publica en España Lumen, con el título Gabriela Mistral. Niña errante. Son una pequeña parte de las 10.000 misivas conservadas, en las que la poeta intercambiaba noticias con personalidades ligadas al arte, la cultura y la política. En 1950 le escribe a Doris para levantarle el ánimo. Dice que toda Europa está mal -Mistral fue cónsul de Chile-, pero que "peor es vivir en pueblos chismosos", en clara referencia a Chile, donde la leyenda y los chismes nunca la dejaron en paz. "Al fin pararemos en una isla del Atlántico, en... Jamaica. (Enséñame a leer inglés). Te beso y quedo contigo. A tu lado, en silencio, oyéndote el corazón".

"Nací con la noción de que una carta es una confidencia", dijo la escritora

Por cada 20 cartas de Mistral, Doris le escribe una, con evidentes problemas con el idioma, que en esta edición se ha respetado sabiamente. En todas ellas, Gabriela le reclama que no se vaya, que no desaparezca, que no viaje más, que se quede con ella. "Doris, es cosa muy seria el que se separen los seres. Eso está lleno de peligros, eso es un peligro constante. De tu lado, no del mío".

La mayoría de las cartas de Gabriela están escritas a lápiz de grafito negro. Al parecer, este recurso aumentó la dificultad de la lectura. Sin embargo, el uso del masculino en algunas de las misivas de Gabriela a Doris no es una errata ni una mala interpretación. El uso del "Tuyo, Mistral", "es textual y premeditado por la emisora", apuntan los editores, quienes aseguran que "más que un gesto de sexualidad, se debe a una actitud de padre protector y proveedor".

Fueron dos personas con una relación compleja y mal comprendida

Sea como fuere, fueron dos personas con una relación compleja y mal comprendida en una sociedad que no era capaz de superar la homofobia. Su relación con Dana, amiga, secretaria, compañera de sus últimos días, estaba encerrada en una correspondencia tórrida, guardando los márgenes de la dignidad. Y sin embargo, las cartas se abrieron públicamente.

Con la justificación de que por estos escritos íntimos corrían todos los "temas contextuales que por estos años preocupaban y también angustiaban a Gabriela", Zegers, con el permiso de la sobrina de Dana, abre la caja y saca las tripas al ruedo. El conservador, empeñado en señalar la relación de amistad con A mayúscula, actúa de esta manera también para que no se mitifique mal. "Como sabemos, a fuerza de callar se termina olvidando, y todo olvido termina en una forma de ignorancia o mistificación distorsionada", dice. Con la fórmula del todo vale por el saber, para tapar el tufillo a morbo fresco, entraron en la alcoba de las amantes para confirmar cómo a sus ojos la "biografía íntima es fundamental para muchos aspectos de su obra". La misma sobrina reconoce en el epílogo del compendio de cartas que no le cabe duda de que "algunas personas, tal vez muchas, sentirán que estas misivas no debían publicarse. Sin embargo, estas representan una oportunidad significativa para entender a Gabriela Mistral como persona y acercarse a una de sus relaciones más importantes". Doris Atkinson se escuda al asegurar que Doris Dana "no hizo esfuerzo alguno por restringir el uso de las cartas ni dejó instrucciones al respecto".

"Doris, es cosa muy seria el que se separen los seres", escribió Mistral
Celosa de su intimidad

En una ocasión, una carta de Mistral se filtró a la escena pública, y lo consideró una desdicha. Escribió entonces a sus amigas Palma Guillén y Margot Arce que no entiende cómo puede haber quien se salte el sentido de la protección de la intimidad ajena: "Pero el caso es que yo, en quien se han vaciado muchas conciencias, por carta y por habla, no he publicado jamás una carta ajena. Nací, porque no me la dieron, con la noción de que una carta es una confidencia, más o menos íntima. Esta ha sido una ley para mí, no ya de cultura sino de simple sentido común, una moral natural, de un primarismo que ni tiene valor para mí", escribió desangelada.

Dana guardó durante 49 años 168 cajas con poemas y documentos

Zegers comentó hace un año, en la presentación de la edición chilena del polémico libro, que cuando leyó por primera vez estas cartas "sabía lo que tenía entre manos y cuál iba a ser el impacto que iban a provocar". "Trato de acercar al ser humano que fue Gabriela Mistral, y bajarla del pedestal en el que la hemos tenido durante más de 50 años", comentó el conservador en unas declaraciones desafortunadas.

"¿Por qué tú, niña errante, te haces querer tanto? Es malo para quien te quiere y para ti resulta fastidioso", escribe atormentada, con 63 años de edad, Mistral, por completo entregada al vacío del amor. En otra de ellas, en la que le indica que no debe rechazar un cheque para pasajes y ropa: "No me hagas el mal de rechazarlos. Eso me haría pensar cosas malas y amargas. Tú debes ahorrarme el sufrimiento. Basta con no tener el de tu ausencia. Yo te esperaré cada día hasta que te recupere".

Entre incendio e incendio, Mistral, la embajadora, la observadora empedernida, la del gesto crítico, analizaba su momento de manera certera, como la participación de EEUU en la Guerra de Corea (1950-1951): "Me duele, que a causa de los rusos vayan a caer como hormigas mis pobrecitos amarillos. Ustedes creen demasiado en el viejo MacArthur. Este ha tratado a los japoneses como a bichos. [...] Quien domina tiene la obligación de entender. Este es el nudo ciego. El americano no comprende ni al europeo".

Gabriela Mistral y Doris Dana

La casa en donde Gabriela Mistral pasó sus últimos años junto a Doris Dana, ya no existe más. Como si la corta memoria chilena nos persiguiera más allá de nuestra frontera, de todas las hermosas casas sin verja de la calle Spruce en Roslyn Harbor, la única que acaba de desaparecer es la que ocupaba el número 15. Debió haber sido demolida hace muy poco, ya que recién se levanta la estructura de madera de la nueva construcción. A su alrededor se conserva la frondosa vegetación de la que Mistral le habló alguna vez a Victoria Ocampo: "Nosotras vivimos en un lugar de puro bosque. Es lindo en verano. Hay un gran silencio triste para algunos, muy dulce para mi con tristeza y todo"... "A seis o diez minutos de la casa está un casi mar, una mar pequeña de ver sin casi oírla". Aquello no es sino una estrecha bahía en la parte norte de Long Island, a no más de una hora de Manhattan.

No pudo Doris Dana encontrar un refugio más adecuado para lo que Gabriela llamaba su "resolución campesina para mi pobre vida en Nueva York." Nuestra Premio Nobel jamás tuvo una buena relación con Nueva York. Ciudad imposible, horrible, apocalíptica, el monstruo helado, según sus propias palabras, sin embargo, allí fue donde por primera vez la vio Doris en el Barnard College, el 7 de mayo de 1946. Doris Dana vivía cruzando los jardines de la Universidad de Columbia, en un departamento en el 435 West 119 Street. A sus 26 años, Dana quedó deslumbrada ante el intelecto de aquella suramericana de 57 años, sintiéndose de inmediato hermanada con ella: "todavía recuerdo vivamente, con angustia, el sufrimiento que reflejaba en sus ojos" ante la audiencia que se apiñaba en torno a la Mistral. Pese a la gloria del Nobel (obtenido el año anterior) la gran chilena tenía un motivo plausible para sentirse incómoda - su escaso inglés -, y una razón profunda a considerarse absolutamente desdichada: el suicidio de su sobrino Juan Miguel (Yin-Yin) a quien criara desde su más tierna infancia.

Gran parte de las intensas cartas de amor que Gabriela escribiera a partir de 1948, fueron leídas por su destinataria en Nueva York. Esta historia que en la ciudad apocalíptica sería hoy apreciada sin rastro alguno de lesbofobia, en Chile debe ser tratada con cautela, en forma neutral, es decir, prefiriendo callar. Pedro Pablo Zegers lo intuyó en el prólogo de "Niña errante": "...una relación compleja y muchas veces mal comprendida, así como también mal asumida, por mistralianos que confunden moral con mojigatería".

Gabriela Mistral, Violeta Parra, Victor Jara